Para que la situación de desamparo en la que vive una parte muy relevante de la juventud mundial pueda ser resuelta, primero tiene que ser entendida en su inmensa complejidad. Y para ello se necesita que sus diferentes problemáticas puedan ser analizadas desde las múltiples caras y aristas del poliedro que la conforman.

Los analistas debemos ser los humanos dotados de aquellos medios que nos permitan desarrollar nuestra inspiración, así como disponer de acceso multiposicional, preciso y rápido a las personas, a las sociedades, a sus culturas, a sus problemas.

El mito Pegasus se concibió en el mundo helénico en una época indeterminada, cuando los humanos estábamos viviendo una de nuestras grandes migraciones culturales, la del tránsito de la conciencia del mito a la autoconciencia. Aquellos humanos dieron al caballo alado la capacidad de hacer manar agua como fuente de inspiración, la de trasladar a los héroes a velocidades no imaginables para finalmente ubicarle en el firmamento en una posición tal, que podía ver a lo largo del año todos los lugares de posible habitación permanente de la especie, ya que salvo la Antártida, toda la superficie habitable de nuestro planeta se ve y es vista desde Pegasus.

Por ello, Pegasus es el medio que nos va a ayudar e inspirar para encontrar la solución sabia que lleve a los habitantes del planeta Tierra a la resolución permanente de la lacra del desempleo juvenil.

Un proyecto de estas características requiere visualizar las diferentes interacciones entre los múltiples agentes que intervienen a lo largo y ancho del planeta y de la humanidad a la que sustenta, lo que requiere la capacidad de poder verlas y seguirlas desde la proximidad y desde la distancia, desde el sur y desde el norte. Nos queremos ubicar en una posición que nos permita estar aquí y allí, en el presente, en el pasado y en el futuro. Hemos encontrado esta atalaya en el mito y en el firmamento: ‘Pegasus’.

Luis Cañada

Presidente Fundación Novia Salcedo